Obesidad Infantil

Por :  Felipe Guillén

La alimentación y el ejercicio ayudan a controlarla

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) la  obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más importantes del siglo XXI, al punto que ha sido declarada como una epidemia y la 57ª Asamblea Mundial de la Salud (mayo de 2004) se ocupó del caso formulando la Estrategia mundial sobre régimen alimentario, actividad física y salud.

 

Se trata de un plan basado en la prevención que busca obtener una reducción importante de las enfermedades no trasmisibles y sus factores de riesgo común, en especial la dieta malsana y la inactividad física, que son los principales aliados de la obesidad.

 

 

Según las estadísticas más recientes divulgadas por la OMS en 2007 aproximadamente 22 millones de niños menores de 5 años tenían sobrepeso en el mundo y más del 75% de ellos vivían en países en vías de desarrollo. Para efectos de la medición la obesidad fue definida “como un valor del Índice de Masa Corporal superior a un valor 30”.

El Departamento de Enfermedades Crónicas y Promoción de la Salud de la OMS recomendó una serie de actividades en materia de dietas y actividad física que son importantes para la aplicación de la estrategia de lucha contra la epidemia de obesidad infantil.

 

Respecto a la dieta, la Organización hace las siguientes recomendaciones tanto a poblaciones como a personas:

 

  • lograr un equilibrio energético y un peso normal;

  • limitar la ingesta energética procedente de las grasas;

  • sustituir las grasas saturadas por grasas insaturadas;

  • tratar de eliminar los ácidos grasos trans;

  • aumentar el consumo de frutas y hortalizas, así como de legumbres, cereales integrales y frutos secos;

  • limitar la ingesta de azúcares libres;

  • limitar la ingesta de sal (sodio) de toda procedencia;

  • consumir sal yodada.

 

 

 

 

Sobre la actividad física la Estrategia advierte que “es un factor determinante del gasto de energía y, por lo tanto, del equilibrio energético y el control del peso”, lo cual reduce el riesgo relacionado con las enfermedades cardiovasculares y presenta ventajas considerables en relación a muchas enfermedades, entre ellas las asociadas con la obesidad.

 

Los beneficios van más allá del control del peso corporal excesivo puesto la actividad física “reduce la tensión arterial, mejora  el nivel del colesterol de lipoproteínas de alta densidad, mejora el control de la hiperglucemia en las personas con exceso de peso, incluso sin que tengan que adelgazar mucho…”

La recomendación de la OMS para los niños con edad entre 5 y 18 años  es realizar 60 minutos de actividad física moderada o intensa al día. Para lo cual es necesario aclarar que  la actividad física moderada incluye marcha a paso ligero y andar en bicicleta en terreno llano, mientras que el ejercicio intenso es aquel que hace jadear y sudar, como correr, jugar al futbol o  el baile intenso.

 

La OMS advierte que la estrategia global para reducir la obesidad infantil solo dará buenos resultados en la medida que los Estados y los organismos responsables “alienten y promuevan los entornos que favorezcan el ejercicio de la responsabilidad individual en materia de salud mediante la adopción de modos de vida que incluyan una dieta sana y la realización de actividades físicas”.

 

Concluye el documento con una preocupante advertencia: “la obesidad infantil afecta a todas las capas sociales y económicas y se está extendiendo”

 

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